Propósito

 

 

 

Si existe un paraíso en la tierra,
 ¡está aquí, está aquí, está aquí!

Inscripción en la sala del trono del Fuerte Rojo de Delhi

El islamólogo estadounidense Marshall G.S. Hodgson (1922-1968) acuñó dos neologismos: Islamdom, algo así como Islamidad (el mundo donde predomina el Islam), es decir, un equivalente a Cristiandad, e Islamicate o Islamicato, que se refiere exclusivamente al Islam como civilización. Mi propósito es tratar de explicar y no mezclar los cuatro ítems: el Islam religión, el Islam como área de influencia, el Islam civilización y el Islam sociedad contemporánea. Por esa razón primordial, el material a disposición desarrollado aquí se refiere exclusivamente al Islamicato, es decir, la historia, la sociología, la filosofía, las artes y las ciencias de  la civilización islámica clásica.

Entre los siglos VII y XVII los musulmanes desarrollaron en tres continentes una globalización bien entendida donde diversas culturas, religiones y pueblos fueron respetadas y reconocidas, y compartieron un espacio común.

Para aquellos musulmanes de la Edad de Oro del Islam lo más importante era la sabiduría aunque la tuvieran que ir a buscar hasta en la China. También privilegiaban el conocimiento del otro, del contrario, del distinto, del que pensaba diferente. Pensar de otra manera, ser discrepante, no era algo incompatible con su concepción, los enriquecía y servía de guía para contrastar con lo propio y precisar dónde estaba la verdad. Buscaban congeniar, contemporizar. Su curiosidad prevalecía sobre cualquier otra inquietud. Por esa razón buscaron libros y descubrieron las ciencias y la filosofía de los antiguos griegos que tradujeron al árabe, las estudiaron, las adoptaron y las mejoraron.

Nuestro objetivo es rescatar todo lo positivo de aquella civilización multifacética que se extendió desde España hasta Malasia y desde el Asia central al África negra, donde hombres y mujeres de todas las etnias y creencias, judíos, cristianos, hinduistas, zoroastrianos, panteístas, e incluso agnósticos, fueron aceptados y disfrutaron de libertad e integración entre los musulmanes.

Gracias a estar ubicados en las antípodas de la intolerancia, la censura y la coacción de pensamiento, aquellos musulmanes construyeron obras sublimes que reflejaron su visión multicultural y pluralista, como la Alhambra de Granada y el Taŷ Mahal de Agra; tuvieron visires judíos, mujeres sultanas y viajeros poseídos por el deseo de abrir horizontes; y fueron capaces de lograr que dos mundos, aparentemente opuestos, Oriente y Occidente, compartieran un universo de amor y fraternidad.

Los acontecimientos políticos y sociales que presenciamos en nuestros días no cuajan en absoluto con la capacidad inclusiva, abierta y generosa de aquel Islam civilizador de medio mundo conocido.

Ricardo Elía


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